Rafa Duna
Rafa Duna nace al sur de España, en Huelva en el año 1977 y desde muy joven se siente atraído por el cine. Cinéfilo y amante del videoclub, del vhs y de las enciclopedias de cine, ha visto pasar modas, géneros y las diferentes etapas por las que ha pasado el séptimo arte, hasta que hace unos años comienza a escribir guiones y tras preparar su propio equipo técnico y aprender de manera autodidacta el arte de la edición, comienza a filmar sus propios proyectos.
12/31/20257 min read


Para empezar, ¿podrías contarnos un poco sobre tu trayectoria y cómo surgió tu interés por el cine?
Mi interés por el cine nace desde muy temprano, inicialmente desde la mirada del espectador. Antes de la existencia de internet, me formé de manera autodidacta a través de revistas especializadas y enciclopedias de cine, que fueron mis principales fuentes de aprendizaje y descubrimiento.En cuanto a mi trayectoria, hasta la fecha he realizado tres producciones propias. En 2024 dirigí dos cortometrajes, El secreto de un adiós y La clave, y en 2025 di el salto al largometraje con El oro de Sotiel Coronada, un paso decisivo en mi evolución como creador.
¿Hubo algún momento o proyecto que te hiciera darte cuenta de que querías dedicarte al cine de forma profesional?
Siempre he tenido una gran imaginación y una facilidad natural para generar historias, aunque durante mucho tiempo quedaban solo como ideas que no llegaban a materializarse. El verdadero punto de inflexión llegó en 2023, cuando escribí mi primer guión con la intención de encontrar una productora que lo llevase a cabo.
Ese fue mi primer choque con la realidad del sector: entendí que, si quería sacar adelante mis historias, debía aprender a hacerlas por mí mismo. Decidí entonces aparcar ese guión por su complejidad y escribir uno pensado para un cortometraje que pudiera realizar dentro de mis propias posibilidades. El resultado fue muy positivo y confirmó que ese era el camino que quería seguir.
¿Quiénes fueron tus primeras influencias creativas, ya fuera dentro del cine o en otras disciplinas artísticas?
No podría señalar una influencia creativa única o concreta, pero sí me identifico claramente con un tipo de cine de ritmo pausado, sereno y reflexivo. Me atraen las películas que se toman su tiempo para observar, para respirar y para invitar al espectador a implicarse emocionalmente.
En ese sentido, mis referencias van desde Roman Polanski hasta Sergio Leone, pasando por cineastas como Quentin Tarantino o Terrence Malick. Más allá de estilos concretos, admiro especialmente a los directores que se arriesgan a contar historias personales, alejadas de lo puramente comercial, y que confían en una mirada propia.
¿Puedes contarnos cómo nació este proyecto actual? ¿Qué fue lo que encendió la chispa de la idea?
Además de escribir y dirigir, uno de mis objetivos personales era actuar en un western. Tenía la ilusión, las ganas y esa pasión por el género desde hace mucho. Y, además, se dio una circunstancia muy favorable: donde vivo, en la provincia de Huelva, existen localizaciones naturales y mineras impresionantes que pueden recrear perfectamente el espíritu del Salvaje Oeste.
Con eso en mente, me puse a escribir una historia. Al principio podía parecer una montaña enorme por delante, pero tenía claro algo: si quería llegar al final, no debía obsesionarme con la cima, sino avanzar paso a paso. Y así fue como el proyecto empezó a tomar forma, hasta convertirse en una realidad.
¿Qué referentes —cinematográficos u otros— te inspiraron durante el desarrollo de esta película?
Siempre he sentido una profunda admiración por el spaghetti western, especialmente por el cine de Sergio Leone y por esas bandas sonoras inolvidables compuestas por Ennio Morricone. En aquellas películas, la música no era un mero acompañamiento, sino un elemento narrativo esencial, casi un personaje más.
Esa idea ha sido una referencia clave durante el desarrollo de esta película. He querido dar la misma importancia al aspecto visual que al sonoro, entendiendo ambos como un todo. De hecho, hay una escena en la que algunos personajes parecen moverse —casi bailar— al compás de la música, reforzando esa conexión entre imagen, ritmo y emoción que tanto me inspira del western clásico europeo.
¿Cómo describirías tu proceso creativo desde la idea inicial hasta el montaje final?
Mi proceso creativo parte siempre del guión, que marca las líneas generales del proyecto, pero está vivo y se va adaptando a cada situación real del rodaje. Para mí es fundamental mantener cierta flexibilidad, escuchar lo que la historia va pidiendo en cada momento y dejar espacio a lo inesperado.
Un aspecto clave ha sido la búsqueda y el desarrollo de la banda sonora. Hubo momentos de auténtica inspiración en los que la música me llevó a retocar escenas y a hacer que todas las piezas encajaran de forma orgánica.
Al encargarme personalmente del montaje final, he podido recrear con precisión la película tal y como la había concebido desde el inicio, ajustando ritmo, emoción e imagen para que la historia se expresara exactamente como la imaginé.
¿Cuáles fueron los principales retos que encontraste durante la producción y cómo los superaste?
El principal reto fue arrancar el proyecto con un presupuesto propio, lo que implicaba una planificación muy cuidadosa en todos los niveles. Uno de los mayores desafíos fue conseguir la implicación y colaboración de los actores, así como coordinar y cuadrar las fechas de rodaje, valorando siempre al máximo el tiempo de todo el equipo.
Hubo jornadas en las que éramos muchas personas en el set y lograr que todos pudiéramos coincidir exigía un gran esfuerzo de organización y flexibilidad. La optimización de los días de rodaje fue clave para que el proyecto pudiera avanzar sin comprometer la calidad.
En cuanto a las localizaciones, en algunos casos fue sencillo trabajar en entornos naturales, pero en otros fue necesario solicitar permisos que no siempre se concedieron. Eso nos obligó a buscar alternativas y a adaptar escenas sobre la marcha.
Mirando ahora hacia atrás, me siento especialmente afortunado de que todo encajara y de que el resultado final haya salido tan redondo.
Cuando trabajas con tu equipo (reparto, equipo técnico, montadores, etc.), ¿cómo afrontas la colaboración?
La colaboración ha sido un pilar fundamental del proyecto. Solo puedo destacar y agradecer a todos los actores que participan en la película, desde los protagonistas hasta los figurantes. Todos entendieron desde el primer momento el espíritu del proyecto y se implicaron con una generosidad enorme.
Mi forma de trabajar se basa en el respeto, la escucha y la confianza mutua. Siempre intento crear un clima cercano en el que cada miembro del equipo sienta que su aportación es importante. Espero, además, que su participación en esta película también les sirva a nivel personal y profesional, como una experiencia enriquecedora dentro de su propio camino creativo.
Tu película ha formado parte (o está pensada para formar parte) del circuito de festivales. ¿Cómo ha influido tu experiencia en festivales de cine en tu carrera hasta ahora?
La película se encuentra actualmente en pleno recorrido por festivales, podríamos decir que estamos en el ecuador del año y del circuito.
Mi experiencia en este ámbito es, en muchos sentidos, agridulce, pero también muy formativa.
Con el cortometraje El secreto de un adiós empecé a familiarizarme con el mundo de los festivales, logrando varias selecciones oficiales y algunos premios, lo que supuso un importante impulso y aprendizaje. El oro de Sotiel Coronada también está teniendo un recorrido positivo, y eso siempre es motivo de satisfacción.
Al mismo tiempo, creo que es importante ser realista y consciente del contexto: hay muchísimo talento y muchas producciones respaldadas por grandes productoras, inversores o patrocinadores, lo que hace que la balanza no siempre sea equilibrada. Por eso procuro mantener siempre los pies en la tierra y agradecer profundamente a todos los festivales que han valorado y apostado por mi manera de entender y hacer cine.
¿Qué plataformas o servicios utilizas habitualmente para enviar tus películas a festivales?
Hasta ahora he trabajado principalmente con Festhome como plataforma para el envío de mis películas a festivales.
¿En qué te fijas a la hora de elegir un festival al que presentar tu trabajo?
A la hora de elegir un festival, suelo inclinarme por certámenes de cine independiente, donde se valore principalmente la creatividad, la mirada autoral y el riesgo narrativo, más allá del presupuesto o de nombres conocidos en los créditos. Me interesa que el festival conecte con el espíritu del proyecto y con una forma de entender el cine más libre y personal.
¿Hacia qué géneros o estilos cinematográficos te sientes más atraído, tanto como cineasta como espectador?
En cuanto a mis gustos cinematográficos, me atraen géneros muy diversos: el misterio, el suspense, el western, el cine de corte filosófico o existencial y, por supuesto, la ciencia ficción. Son territorios que permiten explorar emociones, ideas y preguntas profundas desde lenguajes muy distintos.
¿Hay directores, películas o movimientos cinematográficos que hayan marcado de forma significativa tu visión para este proyecto?
Sí, hay referentes muy claros que han influido en mi visión del proyecto. El cine de Sergio Leone, por su manera de construir atmósferas y convertir el western en un lenguaje casi operístico; la libertad narrativa y el juego con los códigos del género que propone Quentin Tarantino; y la mirada más sobria y crepuscular de Clint Eastwood.
De cada uno de ellos me interesa esa capacidad para reinterpretar el western desde una voz propia, alejándose de lo convencional y apostando por una identidad muy marcada.
¿Cómo te gustaría que el público interpretara o conectara con esta película?
Mi deseo es que el público se siente simplemente a disfrutar de una película de cine. Que se deje llevar por los paisajes, por la música y por el ritmo de la historia, y que pueda conectar de forma emocional con lo que se cuenta.
Me gustaría que los espectadores empatizaran con los personajes, que vivieran su viaje y que, al terminar la película, se lleven una sensación honesta, de haber compartido una experiencia cinematográfica completa.
Mirando al futuro, ¿qué tipo de historias o proyectos te ilusiona más explorar a continuación?
De cara al futuro, me entusiasma seguir explorando nuevos territorios narrativos. Actualmente estoy inmerso en el desarrollo de un cortometraje de temática postapocalíptica con zombis, un proyecto que tengo previsto realizar a principios de 2026 y que me permite trabajar desde un género muy físico y emocional.
Al mismo tiempo, también tengo interés en abordar proyectos de temática social, historias más pegadas a la realidad que dialoguen directamente con el presente. Me motiva alternar géneros y registros, siempre desde una mirada personal y con la intención de seguir creciendo como creador.